Caribe… ¿Vive? Los Juegos de la UH

Los tradicionales juegos universitarios Caribe, cuya edición 52 finalizó recientemente, continúan fomentando el amor y sentido de pertenencia de los estudiantes hacia la más prestigiosa casa de altos estudios del país, pese a diversas dificultades.

Vitrina de trofeos históricos del deporte universitario de la Universidad de la Habana / Foto: Fotograma video

Es casi mediodía y aún no termina su primera sesión de entrenamiento el protagonista de esta historia. Desde bien temprano en la mañana, practica con sus alumnos en la sala de judo del Estadio Universitario Juan Abrantes Fernández, a quienes exige con mucha disciplina, cual atletas del alto rendimiento, el amor a la tradicional camiseta de la UH.

Él es Jesús Alemán Ynsua, el instructor de judo, Maestro Sexto Dan en Judo y Profesor Asistente de la Secretaría de Deporte, Educación Física y Recreación (Seder) de la Universidad de La Habana. Desde ese compromiso, hace varias décadas asume la inves­tigación de la historia atlética de la casa de altos estudios, por lo que es comúnmente conocido como el historiador del Seder.

Jesús Alemán Ynsua, Maestro Sexto Dan en Judo y Profesor Asistente de la Secretaría de Deporte, Educación Física y Recreación (Seder) / Foto: Fotograma video

Ya termina el profe Alemán, como también le llaman, y desde el graderío de la instalación, comienza a ofrecer a este reportero, algunas de sus opiniones sobre la historia del depor­te universitario, desde sus antecedentes.

-¿Cuáles son los orígenes de las prácticas deportivas en la Universidad de La Habana?

“Los primeros indicios de actividades físicas en la casa de altos estudios datan de la úl­tima década de la etapa inicial de la entonces Real y Pontificia Universidad de San Geró­nimo de La Habana (1728-1842). Al principio los estudiantes, cumpliendo con la conocida frase de origen latino mens sana in corpore sano, que traducido del latín significa mente sana en cuerpo sano, comenzaron a realizar algunos tipos de ejercicios para equilibrar las horas de docencia. Pero no puede afirmarse que aquellas acciones iniciales constituyeron prácticas deportivas, sino una mera ejercitación de los músculos”.

Para el profe, pese a aquella introducción de varias actividades atléticas en el país, a finales del siglo XIX, la casa de altos estudios se mantuvo al margen del autorizo o respaldo del desarrollo de la cul­tura física entre los estudiantes: “No fue hasta el año 1902 cuando alumnos y profesores comenzaron a practicar varios deportes, luego de la fundación de la República y, con ella, el restablecimiento de la docencia en la nombrada Universidad de La Habana, trasladada hasta su lugar actual de la colina capitalina”, asegura.

El también Maestro Sexto Dan de Judo, afirma que “durante las primeras dos décadas del siglo XX, solo se practicaron en la Universidad de La Habana beisbol, atletismo, fútbol americano, baloncesto y remo, y no fue hasta los años 20 que ocurrió la inclusión de nue­vos deportes, gracias al nacimiento de la Comisión Atlética”.

En su opinión, ¿por qué no se ha dado continuidad al rescate de la historia deportiva de la Universidad?

“Creo que rescatar la vida extradocente del Alma Mater, en cualquier campo, es un trabajo difícil y que depende del esfuerzo y voluntad de muchas personas. En el texto Memorias del deporte universitario, sus inicios (2005), del investigador Carlos Reig Romero, se mencionan los principales acontecimientos y figuras vinculadas al deporte universitario, desde finales del siglo XIX hasta la primera década del siglo XX, con vasta rigurosidad. De ahí en adelante la historia del movimiento atlético de la institución está por escribirse, y menudo empeño será reseñar el periodo de 1910 y 1920, porque no se ha encontrado información suficiente de esos años en los archivos del Seder, ni de la Univer­sidad.

¿Por qué cree que fue construido el estadio?

“Los atletas universitarios necesitaban instalaciones sustentables para poder desarrollar el deporte en la institución, por eso la CAU se empeñó en crear una infraestructura sólida, que tuviera un estadio de pelota y canchas de varias disciplinas”.

La sabana verde que se extendía desde la parte posterior de la actual Facultad de Física y Química, hasta La Quinta de Los Molinos, fue la sede precisa para la construcción paula­tina de la infraestructura deportiva que hoy ostenta la Universidad de La Habana, la mejor de los centros educativos en todo el país.

¿Cuándo llegan los Juegos Caribes al estadio universitario?

“Estas lides se inauguraron en la temporada de 1922-1923, gracias a la gestión de la re­cién conformada Comisión Atlética, pero no se le llamaron Juegos Caribes hasta 1967. Los torneos internos de la Universidad eran denominados Competencias Interfacultades”.

¿Y por qué apodar con un nombre aborigen a los atletas universitarios?

“La decisión fue tomada porque las tribus de indios caribes radicadas en Cuba en el perio­do de comunidad primitiva, eran comunidades aborígenes de valientes guerreros, que de­fendían sus territorios de cualquier adversario, hasta la muerte si fuera preciso. A partir de ese momento los atletas universitarios se denominaron Caribes, dejando atrás el apodo Chichijós, que hacía referencias a aborígenes más pacíficos, mientras que los elencos de la institución comenzaron a llamarse Equipos Caribes, abandonando el anglicismo Varsity, que hacía alusión al conjunto titular”.

Sobre rol desempeñado por el líder revolucionario Julio Antonio Mella, en el desarrollo del depor­te en la Universidad de La Habana, el profesor Alemán aseguró que la pasión del joven luchador antiimperialista para con el deporte era innegable, así como vasta su  experiencia. En el año 1921, Mella había sido el mejor atleta de los deportes náuticos del equipo de los Dependientes de Comercio de La Habana. Por eso, desde la Universidad, impulsó la idea de modificar la organización atlética del estudiantado, y de difundir en los boletines de la institución el devenir de la actividad física de la casa de altos estudios.

“Julio Antonio Mella sabía que los deportes imponían en las personas disciplina, compromiso, espíritu de resistencia, por escogió a varios de los mejores atletas para integrar la Fraternidad de los XXX Manicatos, y posteriormente la dirección de la FEU. Creo que Julio Antonio llegó a convertirse en el extraordinario líder estudiantil que fue, porque primero resaltó entre los alumnos como un protagonista del remo y el fútbol americano”, enfatizó el historiador del Seder.

¿Qué opinión le merece el tratamiento de nuestros medios de comunicación a la cultura física de la UH?

“Es doloroso decirlo, pero tanto la prensa como otros medios de difusión han dejado de cronicar los principales acontecimientos del deporte universitario. Las noticias no ofrecen más que el día de apertura y clausura de un torneo determinado, pasando por alto todo el acervo cultural que ha traído consigo desde siempre ese tipo de intercambio entre las fa­cultades de la Universidad, o entre los equipos de la institución con sus similares de otros centros docentes de Cuba”.

Este año, los Juegos Caribes celebraron su edición número 52. ¿Puede afirmarse que dicho certamen ya no despierta el mismo entusiasmo entre el estudiantado, como lo hacía décadas atrás?

“La pasión existe, y creo que siempre existirá, porque la cultura física es una parte inherente a la formación académica de los estudiantes de la Universidad de La Habana. Sin embargo, es afirmativo decir que la vida deportiva de esta institución ha perdido júbilo y seguidores en los últimos tiempos, y no solo por la falta de cobertura de los medios, sino también por factores in­ternos que deprimen día tras días la actividad física estudiantil.

Creo que este fenómeno está indisolublemente ligado a la falta de recursos para mantener activa una instalación tan grande y completa como esta, y para adquirir los implementos  imprescindibles, como guantes, pelotas, mallas, vestuarios, el arreglo de la piscina y de las cátedras, entre otros situaciones desfavorables que están imperantes en el estadio”, concluyó el avezado profesor de educación física.

Bajo estas circunstancias, ¿qué sugiere para elevar la calidad del deporte en la Universidad?

“Para que haya calidad, primero debe existir participación, y mientras no se regresen las prácticas deportivas a los programas de educación física, los alumnos no volverán a ver en el Stadium su segunda casa. La Universidad debe crear una política que le ofrezca a los Juegos Caribe un reconocimiento mayor, como se solía hacer antes, cuando en los torneos internos participaban más cantidad de estudiantes y los mejores atletas eran pre­miados en el Aula Magna”.

El hombre que ha resguardado durante décadas la documentación de la cultura física de la Universidad de La Habana, sugiere que “no se debe permitir la muerte de su movi­miento atlético, en el cual se formaron trascendentales figuras de nuestro país, como Julio Antonio Mella, Pepe Barrientos, Alberto Juantorena, Rodolfo Falcón, y el propio Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *