La Liga Femenina pone en jaque a la COVID


En medio del impasse que ha generado la COVID 19 en el mundo, el ajedrez ha sido una de las disciplinas que más activa se ha mantenido en Cuba en este período. Recién finalizó otro de los grandes torneos organizados, la Primera Liga Femenina, jugada por equipos y a través de la plataforma onlinewww.lichess.org. Occidente se llevó los aplausos virtuales de miles de seguidores, tras acumular 991 puntos.

Aun cuando el acceso a internet sigue siendo el talón de Aquiles para el ajedrez en Cuba, fueron más los aciertos que desaciertos de esta novedosa experiencia.

 

 

¿Se imaginan jugar una partida, o varias en el día, caminando de un lado a otro en un parque wifi, monitoreando una señal intermitente? ¿Han visto torneo alguno cuya sala de juego sea simulada en la azotea de tu casa, buscando mejor receptividad de la 3G o 4G? ¿Cuántas sensaciones puede dejar una partida prácticamente ganada cuando, a punto de mate, queda totalmente desconectada y se pierde por tiempo?

Fueron estos algunos de los avatares que enfrentaron varias de las 90 trebejistas que intervinieron en el certamen, según nos cuenta una de las organizadoras de la lid, la MI Lisandra Ordaz. “Son esas dificultades las que nos hacen crecernos en momentos cumbres. No es menos cierto que cuando tienes tales inconvenientes te dan ganas de abandonar. Pero ello no mermó nuestro entusiasmo, y fue muy lindo poder reunir a varias generaciones de mujeres que aman el ajedrez. Desde la gran WGM Vivian Ramón, hasta una niña de siete años”.

La MI Lisandra Ordaz durante el análisis de una partida online /Foto: Cortesía de la ajedrecista

El objetivo se cumplió: motivar a los nuevos talentos del juego ciencia en Cuba, y rescatar a esas grandes que mucho tienen por enseñarnos aún. No había límite de edad ni de título, el único requisito era haber nacido en Cuba, y ello fue un aliciente. Estamos muy satisfechos con el resultado”.

Los martes y viernes, el sitio www.lichess.org se abarrotaba de jugadoras cubanas y aficionados que seguían, paso a paso, la actuación de las muchachas. En las cuatro semanas comprendidas entre el martes 19 de mayo y el viernes 12 de junio se efectuó la etapa clasificatoria, en la que intervinieron las tres regiones del país, de las cuales solo las dos mejores pasarían a la final, disputada entre el 16 y el 26 de junio. En tales casos, se realizaban dos torneos semanales: martes y viernes, entre las 9 y las 10:30 de la noche. Los martes se jugó a un sistema de tres minutos “finish” y los viernes a dos minutos con un segundo de bonificación por movimiento.

Aunque todos los equipos no contaron con igual cantidad de jugadoras (Occidente: 48, Centro: 23, Oriente: 19), no hizo falta tal paridad, pues solo computaban los mejores siete acumulados de cada bando y la mejor sub 15. Solo Occidente y Oriente avanzaron a la final, y ambas escuadras tuvieron la posibilidad de reforzarse con cuatro competidoras del Centro del país, una de las cuales pertenecía a la categoría sub 15. Ya en esta fase, puntearon las ocho mejores de cada torneo y las dos sub 15 con mayor acumulado.

Creo que todas queríamos que el torneo no acabara. Pese a que no hubo premio material, la motivación siempre estuvo intacta. En momentos tan difíciles como los que actualmente vivimos, esta fue una vía de escape de la monotonía que impone el confinamiento y, a la vez, de aprendizaje. Porque, si algo positivo nos ha dejado la COVID 19, es el aprovechamiento que podemos hacer, también en Cuba, de la red de redes para estimular la práctica del ajedrez a través de torneos virtuales. Solo es cuestión de echarle ganas, no hace falta mucho más”, asegura Ordaz.

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