El electricista que apagó bates: la última faena de Ondrej Satoria

Bajo las luces del Tokyo Dome, en un estadio colmado por más de 45 mil…

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Bajo las luces del Tokyo Dome, en un estadio colmado por más de 45 mil aficionados, el checo Ondrej Satoria lanzó quizás los últimos destellos de una historia improbable, de esas que el béisbol guarda para sorprender al mundo.

Electricista de profesión y lanzador por pasión, Satoria volvió este martes al escenario donde su nombre empezó a resonar en el Clásico Mundial de Béisbol.

Y lo hizo como mejor sabe: desde el montículo, con serenidad y coraje frente a una de las potencias del juego.Durante 4.2 entradas, el derecho de República Checa mantuvo a raya a la poderosa ofensiva japonesa.

Permitió seis imparables, ponchó a tres rivales y completó 67 lanzamientos, 45 de ellos en la zona de strike, en una actuación que arrancó aplausos sinceros de la exigente afición nipona.

No fue una sorpresa. Satoria ya había dejado señales de su temple en este torneo. El 6 de marzo, frente a Australia, salió desde el bullpen para relevar al abridor Tomas Ondra y trabajó 3.2 innings casi impecables: apenas un hit permitido, un boleto y tres ponches.

Así cerró su participación en el Clásico con 8.1 entradas sin permitir carreras, una marca que lo convirtió en uno de los brazos más sólidos del conjunto checo.

Pero lo que ocurrió en Tokio fue más que una buena salida. Fue el cierre de un círculo.A sus 29 años, Satoria había anunciado que esta sería su última presentación con la selección nacional.

Y el destino quiso que la despedida ocurriera justo donde comenzó su leyenda personal.

El 11 de marzo de 2023, en ese mismo Tokyo Dome, el lanzador europeo se ganó el respeto del mundo del béisbol. Aquella noche abrió frente a Japón y en tres entradas firmó una escena inolvidable: dominó al fenómeno Shohei Ohtani con un roletazo a la inicial en su primer turno y luego, en el tercer episodio, lo dejó congelado con un ponche que se volvió viral.

Ese día también pasaron por la caja de bateo y regresaron al dugout vencidos por los strike Lars Nootbaar, Kensuke Kondo y Munetaka Murakami, nombres grandes del béisbol.

Por eso, cuando el partido de este martes terminó y Japón selló su victoria 9-0, el público del Tokyo Dome volvió a reconocer al hombre que, durante dos Clásicos, desafió a gigantes con la naturalidad de quien sabe que el béisbol también pertenece a los soñadores.

Los aplausos bajaron desde las gradas. Y, desde el dugout japonés, los propios jugadores se sumaron al reconocimiento.Así, entre reverencias, respeto y palmas prolongadas, Ondrej Satoria se despidió de la selección checa.

El electricista que vino de Europa para medirse con los mejores del mundo dejó el montículo en silencio, pero su historia quedó encendida en la memoria del Clásico Mundial de Béisbol.


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