Poder ofensivo de Leñadores los pone a dos hachazos de su séptima final

Dos nocauts consecutivos, siete jonrones y una ofensiva de .528 tienen a Las Tunas a…

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Dos nocauts consecutivos, siete jonrones y una ofensiva de .528 tienen a Las Tunas a mitad de camino de otra final, ratificando la estabilidad de una dinastía que ha marcado el béisbol cubano reciente.

Las Tunas intentará este miércoles 24 de junio dar otro paso hacia la discusión del título cuando enfrente a Holguín en el tercer juego de la semifinal de la IV Liga Élite del Béisbol Cubano, desafío previsto para el estadio Mayor General Calixto García. En ese escenario también se jugará el jueves y, de ser necesario, el viernes.

Los Leñadores llegan a territorio holguinero con ventaja de 2-0 en la serie, luego de contundentes victorias por nocao, con marcadores de 24-12 y 14-0.

Hacha en mano

La ofensiva tunera ha sido sencillamente demoledora. En los dos primeros encuentros promedia para .528, con 13 extrabases, incluidos siete cuadrangulares, números que sustentan un impresionante OPS de 1.502. El binomio integrado por Liuben Gallo (.700) y Henri Quintero (.714) ha encabezado el castigo al pitcheo rival, cuya efectividad colectiva asciende a 23.25.

Gallo, refuerzo espirituano y considerado el segunda base más integral de la pasada Serie Nacional, mantiene intactas sus aspiraciones de integrar la preselección cubana. En esta porfía acumula siete imparables y seis carreras impulsadas, mientras que Quintero suma dos cuadrangulares y seis remolques.

Pero el poder ofensivo de Las Tunas va mucho más allá de dos nombres. Los Leñadores han construido una identidad basada en la producción constante de carreras, el bateo oportuno y la capacidad de decidir encuentros hacha en mano. Los siete cuadrangulares conectados en apenas dos partidos ratifican una filosofía ofensiva que ha distinguido al conjunto durante sus años más exitosos.

El peso de la experiencia

Esa capacidad para responder en escenarios de máxima exigencia también encuentra explicación en la experiencia acumulada. Gran parte de la nómina tunera ha convertido en costumbre disputar instancias decisivas desde 2017. En ese período conquistó los títulos nacionales de las Series 58, 62 y 63, además de finalizar como subcampeón en las Series 57 y 64. A ello se suma el segundo lugar alcanzado en la pasada Liga Élite.

La secuencia de resultados confirma la estabilidad competitiva de un elenco que ha sostenido una cultura ganadora durante casi una década. Y en esta semifinal también lo demuestra desde otras áreas del juego, con un pitcheo que respondido y una defensa que apenas ha cometido dos errores.

La tarea pendiente de Holguín

Los lanzadores tuneros han limitado a sus rivales a un solo cuadrangular, pese a que los holguineros lideraron ese apartado durante la etapa clasificatoria con 68 vuelacercas. Igualmente determinante ha sido neutralizar por completo al slugger Yasiel González, quien no ha conectado jit en siete turnos oficiales al bate.

Sin embargo, un palo no hace monte. Para que Holguín pueda cambiar el rumbo de la semifinal necesitará mucho más que la reacción de su principal artillero.

La urgencia pasa por mejorar el desempeño de sus lanzadores, especialmente los abridores, incapaces de contener la ofensiva rival y con apenas tres entradas de labor acumuladas en los dos primeros desafíos. En ese lapso permitieron ocho carreras limpias y diez imparables. A la par, resultan excesivas las cinco pifias cometidas en apenas 12 entradas, para un discreto promedio defensivo de .909.

A dos triunfos de otra final

Con la serie inclinada a su favor 2-0, los representantes del Balcón de Oriente visualizan su séptima final en eventos del béisbol cubano y la segunda consecutiva en la Liga Élite. Del otro lado, Holguín está obligado a responder ante su afición.

Para lograrlo necesitará revertir una tendencia preocupante, pues durante la etapa clasificatoria apenas consiguió balance de siete victorias y 13 derrotas en su propio cuartel general.

Las Tunas llega al Calixto García respaldada por algo más que una ventaja en la semifinal: lo hace con el peso de una generación acostumbrada a ganar cuando más importa.

FOTOS: Ángel Luis Batista Santiesteban


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