08/12/2021

Telerebelde

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Cuando las «Morenas del Caribe» silenciaron el Ibirapuera


Aquel 30 de octubre de 1994 el majestuoso coliseo Ibirapuera de la ciudad de Sao Paulo completó desde bien temprano su capacidad. La inmensa «marea amarilla» de aficionados, con sus cánticos e impresionantes «olas», infundía respeto hasta al más valiente de los mortales.

El duodécimo Campeonato Mundial (f) de voleibol ponía en juego la corona en un súper promocionado partido que enfrentaba en un duelo de invictas a las mimadas chicas de casa con la selección cubana.

Toda la prensa brasileña, las principales emisoras radiales y las grandes cadenas de televisión habían desplegado una monumental campaña de apoyo a sus meninas, a las que daban como seguras vencedoras jugando como locales.

Momentos del partido final Cuba vs. Brasil / Foto: FIVB

Los análisis se basaban, en primer lugar, en el crecimiento sostenido de aquella generación, en la que brillaban Ana Moser, Marcia Fu, Ana Paula, Fernanda Venturini, Ana Flavia, Hilma Caldeira, Fofao y Virna, que ya habían entrado de lleno en el alto nivel internacional.

Asimismo, hacían alarde de la excelente actuación rendida en el torneo, con una espectacular victoria en semifinales sobre Rusia, e insistían en el hecho de que habían derrotado a las cubanas apenas un mes y medio antes en la final del Grand Prix, en la ciudad china de Shanghai. «Con el apoyo del público serán invencibles», afirmaban muchos con certeza.

Y realmente los razonamientos no carecían de lógica, sólo que no tenían en cuenta en toda su magnitud las oponentes que estarían net por medio.

No valoraron que el rival era un equipo inmenso. Un conjunto que ya sabía lo que era alcanzar la gloria, que había conseguido -con la mayoría de esas muchachas- la corona olímpica en Barcelona´92, en las Copas del Mundo de 1989 y 1991, y en la Copa de campeonas de 1993. Y que además se había visto colosal en aquel Mundial, con triunfos consecutivos sobre Perú, Holanda, Azerbaizhán, Estados Unidos, Alemania y Corea del Sur, sin perder ni siquiera un set.

Estrategia desestabilizadora

Mientras en los medios de comunicación se vivía aquel ambiente de euforia, hacia el interior del torneo también se había diseñado por parte de la dirección del equipo brasileño una estrategia para tratar de desestabilizar a las cubanas.

Hasta aquel evento las jugadoras de ambos equipos eran muy amigas, se llevaban muy bien. Por eso, sorprendió el tratamiento que recibieron en esta ocasión por parte de sus rivales.

No había saludo, ni acercamiento alguno, ni sonrisas, ni amistad.

Parece que pensaron que dejándolas de tratar, nuestras muchachas iban a afectarse sicológicamente y decaer en su rendimiento cuando estuvieran cara a cara en el terreno de juego. Pero sucedió todo lo contrario.

Hay que callar al público

La escena estaba lista para el esperado encuentro. En el camerino se efectuaba la reunión técnica con el entrenador principal Eugenio George y sus asistentes Antonio Perdomo y Jorge Garbey, para puntualizar los últimos detalles.

«Lo primero que tienen que hacer es callar al público«, expresó en un tono calmado el experimentado y laureado preparador, un hombre curtido en mil batallas, con una estela de triunfos sobre su espalda.

Las muchachas lo miraron sorprendidas como diciendo ¿y cómo podemos callar al público?

A lo que Eugenio respondió con su genial sabiduría. «Tenemos que callar al público haciendo nuestro juego».

Las jugadoras entendieron perfectamente el mensaje. Sabían que era el momento de demostrar su grandeza.

Cuentan que un ambiente de euforia se apoderó del lugar. Se transpiraba pura adrenalina.

Magaly Carvajal, una de las líderes indiscutibles del colectivo, con el espíritu guerrero que la caracterizaba, prometió aportar los cinco primeros puntos con su bloqueo.

Una demostración extraordinaria

Las primeras en salir a la cancha fueron las cubanas, bajo una rechifla ensordecedora del público.

Después lo hicieron las brasileñas tomadas de las manos, al estilo de la selección de fútbol de su país, que meses antes había alcanzado el tetracampeonato mundial. La enardecida afición que desbordada el estadio las aclamaba delirantemente.

Mireya Luis, entonces capitana de nuestra selección, recordaba posteriormente el ambiente que vivieron aquel día:

«Estaba todo lleno, con esa ola brasileña sobre nosotras que apenas lográbamos escuchar nada, no podíamos ni oírnos unas a las otras. Pero solamente con la mirada nos transmitíamos mensajes. Íbamos preparadas, sabíamos lo que teníamos que hacer».

En ese imponente escenario comenzó el juego. Como mambisas en una carga al machete, las caribeñas cayeron con toda su fuerza sobre las dueñas de casa.

Mireya Luis, Magaly Carvajal y Lily Izquierdo celebran un punto cubano / Foto: FIVB

Magaly cumplió su palabra. Varios bloqueos en las primeras acciones contribuyeron a tomar temprana ventaja. A los 2 minutos y 20 segundos de iniciadas las acciones, ya Cuba vencía 5-0.

El desconcierto afloró en las filas de las sudamericanas. En el terreno se veía un solo equipo.

Alrededor del tanto 7 el público estaba en silencio.

El final del primer set reflejó un increíble 15-2 en apenas 14 minutos.

Recuerda Mireya que la autoestima en las filas cubanas estaba por el cielo. Ella, con una experiencia de diez años jugando al más alto nivel, reconoce que no podía evitar cierta preocupación de que las brasileñas lograran recuperarse, porque eran grandes jugadoras y estaban muy bien preparadas.

«Yo estaba tensa, porque cada vez que hacíamos un punto, los saludos entre nosotras eran muy fuertes, lo hacíamos con mucha energía. Temía que eso nos desgastara. Yo le decía por ejemplo a Regla Torres, no grites tanto porque estamos derrochando mucha energía y ellas se pueden recuperar. Pero todas me decían: No Mireya, esto es 3-0».

Mireya Luis y Magaly Carvajal, dos de las protagonistas de aquel encuentro / Foto: FIVB

Aquel espíritu fue imposible de frenar

Un poco más de oposición se apreció en la segunda manga cuando la pizarra llegó a ponerse a favor de las locales 7-5, pero todo quedó ahí. Las cubanas remontaron, igualaron y tomaron ventaja de 10-7, que no perdieron hasta el definitivo 15-10, en 27 minutos.

La suerte estaba echada. En el tercer parcial sobrevendría otro aplastante marcador: 15-5.

El equipo cubano recibe sus medallas de oro / Foto: FIVB

Aquellas doce muchachas de oro fueron: Mireya Luis, Regla Torres, Magaly Carvajal, Regla Bell, Tania Ortiz, Marlenys Costa, Lilia Izquierdo, Idalmis Gato, Sonia Lescaille, Mercedes Calderón, Ana Ibis Fernández y Mirka Francia.

Dos de ellas estuvieron entre las mejores jugadoras del campeonato. Regla Torres fue premiada como la Más Valiosa (MVP) y Mejor Bloqueadora, en tanto Mireya resultó la más sobresaliente en el ataque.

El voleibol femenino cubano escribía una de las más extraordinarias páginas de su historia. Por segunda ocasión, luego del inolvidable triunfo de 1978, las «Espectaculares Morenas del Caribe» se convertían en campeonas mundiales.

Se había concretado una de las demostraciones más impresionantes de equipo alguno en los anales del voleibol internacional.

Mireya Luis y Regla Torres en la premiación a las mejores jugadoras del campeonato / Foto: FIVB