24/10/2021

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Cuarto lugar para Cuba: más que reflexión, transformación

Ya lo afirmó nuestro Martí: toca levantar, no poetizar las caídas. El beisbol cubano debe regresar a ese lugar sagrado que solo ocupan las reliquias de la nacionalidad y de nuestra cubanía.

En los momentos en que más duelen los descalabros, las peripecias dañinas y traiciones, urge profundizar en el trayecto, en los cambios necesarios, en los errores, hacer praxis la teoría. Ya lo afirmó nuestro Martí: toca levantar, no poetizar las caídas, y este evento es otra prueba de ello.

Así es. Nuevamente fuera del podio. Cuba cayó 3-5 ante Colombia en el juego por la medalla de bronce en la III Copa del Mundo sub-23 de Beisbol, consumándose de esa forma el segundo triunfo de los cafeteros sobre los antillanos en el certamen. Pero, además de los dos reveses ante los colombianos, los cubanos cedieron ante mexicanos y venezolanos, las selecciones más fuertes del torneo, las cuales merecieron discutir el título del orbe de la categoría.

Los éxitos de Cuba fueron sobre Taipéi de China, República Checa, Alemania, República Dominicana y Panamá, para finalizar el evento con acumulado de cinco partidos ganados y cuatro perdidos. Tal posicionamiento, deberá propiciar el avance de al menos un peldaño en el ranking mundial absoluto de beisbol, en el cual la Mayor de Las Antillas ocupa en estos momentos un lejano y lúgubre lugar once.

Finalmente, una merecida cuarta posición en la copa del mundo sub-23 alcanzaron los cubanos, teniendo en cuenta el altísimo grado de deserciones ocurridas durante la justa, al extremo que en el encuentro final por el bronce, el mentor Eriel Sánchez sólo contó con 15 de los 24 peloteros de su conjunto. Los nueve restantes abandonaron paulatinamente la delegación, dejando a un lado el compromiso con su país, con la pelota cubana, con el elenco y perjudicando directamente la posibilidad de materializar el añorado juego hacendoso en alguna de las selecciones nacionales de ese deporte.

Es cierto que dicha situación se antoja nefasta, sobre todo desde el punto de vista espiritual, tanto para jugadores como para aficionados. Es cierto que el conjunto no tuvo choques de preparación con otros elencos, en aras de palpar directamente la “temperatura” de los rivales. Y también es cierto que los peloteros cubanos no llegaron en óptima forma a la competencia – constatándose en la poca velocidad de los serpentineros y las repetidas faltas en el cajón de bateo, insuficiencias aquellas que habitualmente no sostienen en la Serie Nacional los jugadores nominados para este campeonato del mundo.

No obstante, culpar a las recientes deserciones de las deficiencias repetidas del beisbol criollo y la falta de preseas en eventos internacionales en cualquier nivel, sería muy ingenuo, oportunista, o, simplemente, contrarrevolucionario, en su sentido más universal.

También es cierto que otra vez fue muy débil el bateo a la hora cero; que se lograron en pocas ocasiones el ponche o el dobleplay oportunos, para detener la ofensiva del rival; y qué decir del casi nulo destaque individual de los peloteros más talentosos. Solamente los lanzadores Naykel Cruz y Marlon Vega ocuparon puestos entre los cinco primeros jugadores en algún departamento, segundo y quinto en ponches, con 15 y 14 respectivamente.

Dicho resultado — como todos los anteriores en los últimos años — lleva reflexión; pero, aún mejor, conlleva transformación, y solo con el trabajo se materializará el cambio tan deseado y necesitado para la pelota cubana, que tantos talentos y estrellas continúa formando.

Claro está, también es cierto que sin la reactivación del contrato entre la MLB y la FCB el éxodo de peloteros cubanos continuará; mas, con trabajo sistemático y alternativas prácticas es posible solventar algunas problemáticas ya enraizadas en la pelota cubana. Rescatar los terrenos populares y fomentar el trabajo en la base, sería el inicio; dotar a la Serie Nacional de espectáculo y pasión y propiciar contrataciones foráneas justas en edades más tempranas, podría ser continuidad.

El beisbol cubano, más que reflexión, necesita transformación. Un cambio concreto en su enfoque, desarrollo técnico y apertura internacional y económica para sus principales jugadores, camino empedrado y sudoroso, pero posible de transitar, como lo demostró en poco el fallecido comisionado Ernesto Reynoso.

Cuba fue cuarta. Hay que seguir trabajando hasta que sea primera. El beisbol cubano debe regresar al proscenio sagrado que solo ocupan las pilastras de la nacionalidad cubana, de la cubanía.