27 julio, 2021

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Cuba y la añoranza de su buen beisbol

Elevar la calidad del beisbol cubano es una cuestión de honor para el espíritu de nuestro deporte.

Décadas atrás se hubiera estado hablando de una fantasía, al más alto nivel de la ciencia y ficción. Pero, en la actualidad, tristemente la realidad es otra. El nivel de la pelota cubana ha decaído hasta estándares inimaginables en tiempos precedentes, cuyos resultados recientes colocan a la Mayor de Las Antillas en un lejano y lúgubre lugar once del ranking mundial.

Luego de no clasificar a los Juegos Olímpicos de Tokio, tras quedar eliminada en la fase de grupos del torneo continental de Florida, Estados Unidos, la selección criolla descendió del séptimo puesto del listado del orbe hasta quedar fuera del siempre agradable “top diez” de las mejores naciones.

Si en el I Clásico Mundial de Beisbol y en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, o en las Copas del Mundo de los años 2007, 2009 y 2011 supo amargo que nuestros peloteros regresaran a casa con el trofeo de plata o, incluso, golpeó el riquísimo espíritu de la pelota cubana y de sus aficionados que en las restantes ediciones de los Clásicos y en la primera del Premier 12 el equipo nacional no avanzara de la segunda vuelta o Súper Ronda, resulta casi imposible describir la pesadumbre emocional de quienes siguen y no el beisbol criollo, ante la ya avizorada faena de quedar eliminado en las fases de grupos de los últimos certámenes internacionales, así como de no alcanzar el título en lides de bajo nivel como la recién finalizada III Copa del Caribe, o en juegos múltiples, cuales los centroamericanos y panamericanos.

Y es que, desde el siglo XIX, el beisbol se enraizó en la cultura popular cubana convirtiéndose en parte ineludible de la personalidad del criollo, de su cotidianidad más elemental. De ahí que el insigne pensador y pedagogo antillano, Enrique José Varona, opinara en una ocasión en un editorial publicado en la Revista Cubana, sobre el desarrollo que estaba teniendo este deporte en Cuba: “Nuestro progreso será cierto indiscutiblemente el día en que entre nosotros el buen sport-man haya destronado al gran bailador” (Revista Cubana, s/f, Tomo IV, p.87).

Fuente: WBSC.

Los resultados antes relatados se refieren a la primera categoría o también denominada “conjunto grande”. Mas, en el resto de las instancias, Cuba tampoco ha logrado mantenerse en podios foráneos, exceptuando en la categoría sub-12 años, cuando en el 2019 un talentoso conjunto se agenció la medalla de bronce en el Campeonato del Mundo. Solo esa presea ha sido portada por las más recientes selecciones cubanas de beisbol.

Cabría preguntarse entonces: ¿es cuestión de talento, de fogueo internacional, de profundización en aspectos técnicos y tácticos de entrenadores, de un mejoramiento sustancial de los eventos nacionales o de una deficiente gestión administrativa y directiva? Pues la causa del álgido descenso de la calidad y, por ende, de los buenos resultados de la pelota cubana es multifactorial. Ciertamente, falta de todo un poco, incluso, el necesario rescate de la mentalidad triunfadora en los jugadores.

No obstante, amén de las limitaciones internas concretas, como resultado de la crisis económica en la que se ve envuelto el país en los últimos años, un duro golpe, hasta hoy irreversible, ha sido la fractura del acuerdo entre la Federación Cubana y la MLB, que la administración Trump se empeñó en apuntarse, y que el actual Gabinete de Biden al parecer no pretende revertir. Solo habría que observar la muy cercana votación internacional contra el bloqueo de Estados Unidos hacia Cuba, en la sede de la Organización de Naciones Unidas, en la cual se mantuvo la obcecada decisión norteamericana de perpetrar aún más está deshumana política, que afecta cada uno de los sectores de la vida de los cubanos y, por supuesto, el deporte no es la excepción. Al respecto, un ejemplo cercano: la negación del visado a la selección absoluta de fútbol para participar en la Copa de Oro — si se pudiera llamar de oro — de la Concacaf.

Sin embargo, independientemente de este obstáculo crucial que ha propiciado el éxodo de muchos de los mejores peloteros antillanos en las últimas décadas, desde Cuba se pueden instrumentar políticas internas que fortalezcan el devenir de nuestro pasatiempo nacional, como lo demostró en poco tiempo el fallecido Comisionado Ernesto Reynoso, teniendo en cuenta inclusive el necesario acercamiento a jugadores cubanos contratados de forma independiente en el exterior. Salvando las diferencias prácticas y emocionales imperantes en la cultura deportiva de la Isla, otras disciplinas han demostrado que dicho estrechamiento de vínculos sí es posible y casi siempre conlleva a éxitos concretos.

El reto es inmenso, más aún en medio de la crisis económica por la que transita el país. Pero el empeño debe ser mayor. Elevar la calidad del beisbol cubano es una cuestión de honor para el espíritu de nuestro deporte. Sería entonces un aliciente fidedigno para demostrar que la cultura deportiva de la nación está viva, evoluciona pese a los obstáculos y continúa formando parte de ese amplio espectro que llamamos cubanía.

Resultados de equipos nacionales cubanos de 1ra categoría en los principales torneos internacionales