Taekwondo cubano y sus argumentos para mirar hacia el futuro

El taekwondo cubano llegó a los Juegos Centroamericanos y del Caribe…

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El taekwondo cubano llegó a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo-2026 con una realidad diferente a la de varios de sus principales adversarios: menos atletas, menos competencias internacionales y limitaciones para entrenar con los sistemas tecnológicos que hoy intervienen directamente en la definición de los combates.

Aun así, terminó segundo en el medallero, con tres medallas de oro, cuatro de plata y cuatro de bronce, para un total de 11 preseas. Solo México, con balance de 7-5-4, quedó por delante. Venezuela (3-1-3), República Dominicana (2-2-5), Costa Rica (2-1-2) y Colombia (1-4-6) completaron los primeros puestos.

El resultado adquiere mayor dimensión cuando se recuerda que Cuba acudió con ocho atletas en las categorías individuales de Kyorugi: cinco mujeres y tres hombres, mientras México, Venezuela, Colombia, Puerto Rico y República Dominicana llegaron a disponer de hasta 16 plazas.

No fue, entonces, una actuación sustentada en la cantidad. Fue una demostración de eficiencia competitiva.

Kyorugi: la gran demostración llegó con las mujeres

La principal fortaleza de Cuba en Santo Domingo estuvo en el Kyorugi combate, particularmente en el equipo femenino.

Las cinco representantes cubanas llegaron a la final. Cinco atletas, cinco finales, un resultado que, según el entrenador principal Arnoy Rojas, nunca antes había conseguido Cuba en unos Juegos Centroamericanos y del Caribe.

El balance fue extraordinario: dos medallas de oro y tres de plata.

Anaisel León, en los 67 kilogramos, protagonizó uno de los triunfos de mayor relieve. La pinareña, de 22 años, derrotó 2-1 en la final a la mexicana Leslie Soltero, campeona mundial de 2022 y titular panamericana en Santiago de Chile.

Para llegar hasta allí, la cubana había superado por 2-0 a la venezolana Hillary Clemente y, en semifinales, a la colombiana Laura Ramírez. El título confirmó su capacidad para imponerse a rivales de primer nivel y representa uno de los resultados que mejor resume la dimensión competitiva alcanzada por el equipo.

En los 73 kilogramos, Arletty de la Caridad Acosta también subió a lo más alto del podio. La cubana avanzó hasta la final con victorias sobre la nicaragüense Franaydun Santana y la haitiana Ava Lee, ambas por 2-0, antes de imponerse 2-1 a la colombiana Kiara Paz.

Completaron la extraordinaria actuación Marlyn Pérez (53 Kg.), Tamara Robles (57) y Elianet Crespo (+73), todas medallistas de, plata.

De esa forma se redondeó una actuación que dejó poco margen a las estadísticas: cinco mujeres, cinco finales y ninguna fuera del podio con solo tres combates perdidos de los 16 celebrados.

Un oro construido desde la estrategia

La otra gran demostración dentro del Kyorugi llegó en el equipo mixto, integrado por Yunier Noa, Kevin González, Haila de la Caridad Ribalta y María Fernanda Sosa.

Cuba apostó por una estrategia diferente a la de varios de sus adversarios: evitar el intercambio constante, trabajar desde la distancia y aprovechar las técnicas frontales, en lugar de llevar los combates hacia los giros y las acciones donde los rivales mostraban mayor fortaleza.

La planificación también contempló los cambios de atletas para neutralizar las principales virtudes de cada conjunto. Y funcionó.

Cuba derrotó a Colombia, que previamente había superado a México, y luego venció a República Dominicana en la final.

El oro demostró que el rendimiento cubano no dependió exclusivamente de las actuaciones individuales. También hubo preparación táctica, lectura del contrario y capacidad para adaptar el combate a las fortalezas propias.

El masculino también respondió

La representación masculina individual fue todavía más reducida: apenas tres atletas, pero los tres consiguieron subir al podio.

Yoikel Goicochea conquistó la plata en más de 87 kilogramos. El cubano llegó a la final con victorias sobre el hondureño Santos Romero y el costarricense Julián Webb, ambas por 2-0, antes de caer frente al mexicano Carlos Sansores.

Ángel Fernández, en 68 kilogramos, y Kelvin Calderón, en 80, alcanzaron medallas de bronce.

Para la entrenadora Anaisa Hernández, el resultado masculino fue excelente precisamente por las condiciones en que se produjo: Cuba acudió con tres competidores individuales frente a selecciones que tuvieron ocho plazas.

Y si se mira el Kyorugi en su conjunto, la valoración adquiere mayor peso: las cinco cubanas llegaron a finales, los tres hombres subieron al podio y el equipo mixto conquistó el título.

Poomsae también dejó señales positivas

En Poomsae, la modalidad de formas, Cuba tuvo en Tania Delgado a su principal protagonista.

La santiaguera conquistó el bronce en Poomsae tradicional individual femenino, con 7640 puntos, y volvió a subir al podio en el Poomsae estilo libre de pareja mixta, junto a su coterráneo Dany Valenciano.

En la prueba individual masculina, Valenciano terminó sexto.

El Poomsae evalúa la ejecución de secuencias de movimientos ofensivos y defensivos patadas, puños y bloqueos que simulan un combate contra uno o varios oponentes imaginarios.

Ambos cubanos contaron con las enseñanzas del entrenador surcoreano Sehoon Yang, quien valoró positivamente su preparación y destacó especialmente el desempeño de Tania.

Competir con un sistema que no se puede entrenar

Más allá de las medallas, existe un elemento que ayuda a comprender mejor el valor de la actuación cubana.

El taekwondo moderno depende cada vez más de la tecnología. En Santo Domingo-2026 se utilizó Daedo de tercera generación, mientras en el circuito internacional también se emplean sistemas como KPNP y WAYCHAMP.

No se trata simplemente de cambiar un peto por otro. Los sistemas poseen diferencias en la ubicación y sensibilidad de los sensores que detectan los impactos para que una acción sea reconocida y genere puntuación.

Por eso, una técnica puede ejecutarse correctamente desde el punto de vista físico y táctico, pero el atleta necesita conocer cómo responde el sistema electrónico que encontrará en competencia.

Y ahí Cuba enfrenta una desventaja.

Los entrenadores no disponen en el país de esos sistemas para reproducir durante el entrenamiento las mismas condiciones de puntuación que encontrarán en el escenario competitivo.

En cierta medida, los atletas cubanos llegan a la competencia entrenando casi a ciegas en ese aspecto específico.

A ello se suma la falta de competencias internacionales y de bases de entrenamiento en el extranjero. Mientras numerosos rivales de la región acumulan experiencias y combates en Europa, Asia o Estados Unidos, Cuba tiene muchas menos posibilidades de ese roce.

Son limitaciones que no desaparecieron en Santo Domingo. El equipo tuvo que competir con ellas. Y consiguió 11 medallas y el segundo lugar del medallero.

De San Salvador-2023 al segundo lugar

La progresión respecto a los pasados Juegos resulta significativa.
En San Salvador-2023, Cuba terminó cuarta, con dos medallas de oro, una de plata y cuatro de bronce.

La cita del centenario le deparó el segundo lugar, con tres títulos, cuatro platas y cuatro bronces.

En la capital salvadoreña, Colombia encabezó el medallero con 3-6-1, seguida por México con 3-2-2, Costa Rica con 3-1-2 y Cuba con 2-1-4.

Tres años después, México permaneció en la vanguardia, pero Cuba avanzó hasta el segundo puesto y dejó detrás a varias de las selecciones que habían terminado por delante en los juegos del 2023.

La evolución también está en los números: de siete medallas en San Salvador a once en Santo Domingo-2026, con un título más y tres platas adicionales.

Pero el salto más significativo está en la capacidad competitiva mostrada.

Una actuación que abre expectativas

Santo Domingo dejó una conclusión clara: el taekwondo cubano mantiene talento suficiente para competir por los títulos regionales, incluso cuando parte en desventaja frente a rivales con mayor profundidad, preparación internacional y acceso a la tecnología de competencia.

Las cinco finales femeninas, los tres títulos, el podio completo de los hombres que compitieron individualmente y el desempeño del equipo mixto constituyen una señal positiva al comienzo de un nuevo ciclo.

También Poomsae dejó notas halagüeñas para continuar desarrollando una modalidad que exige especialización y ser vista por los jueces a nivel internacional.

El próximo objetivo pasa por la clasificación y preparación para los Juegos Panamericanos de Lima-2027, donde el nivel será superior y las posibilidades dependerán también de garantizar una preparación acorde con las exigencias de la alta competencia.

El segundo lugar del taekwondo cubano en los Juegos del Centenario no parece un punto de llegada. Es una señal de que, aun con menos efectivos, menos competencias y limitaciones tecnológicas, el talento sigue ahí.

Y ese quizá sea el principal argumento para mirar hacia el futuro.


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