Había una historia demasiado pesada para entrar al terreno del estadio Quisqueya Juan Marichal sin sentirla sobre los hombros.
Allí jugó una Cuba dueña de 15 títulos en el béisbol de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en los que también posee tres metales de plata y uno de bronce.
Por eso Santo Domingo-2026 no puede analizarse únicamente desde el cuarto lugar. Ese puesto significa, al mismo tiempo, la primera vez desde Kingston-1962 que un equipo cubano termina fuera del medallero en esta competencia.
Sesenta y cuatro años después, la historia volvió a colocar a Cuba en la misma posición. En la capital de Jamaica registró balance de 2-3; ahora lo hizo con 4-3.
La diferencia es que aquella selección de 1962, con figuras como Urbano González, Ramón Hechevarría, Manuel Alarcón, Aquino Abreu, Alfredo Street y Modesto Verdura, pertenecía a una pelota que exhibía una superioridad mucho más clara sobre sus rivales regionales.
En 2026, la realidad fue otra.
Del entusiasmo a la preocupación
Cuba no comenzó mal. Todo lo contrario.
El equipo dirigido por Germán Mesa ganó sus tres partidos de la fase clasificatoria: 4-1 a Curazao, 4-0 a Puerto Rico y 9-6 a República Dominicana. Este último triunfo llegó en extrainning, con cinco carreras cubanas en la entrada decisiva, para silenciar al público dominicano.
El rendimiento invitaba al optimismo. Cuba avanzó como líder del grupo A con .307 de promedio ofensivo y un excelente 0.74 de efectividad en el pitcheo. En 20 entradas había aceptado apenas tres carreras limpias, con nueve boletos y 17 ponches.
Parecía haber argumentos para aspirar al título.
Pero los torneos cortos suelen decidirse en unas pocas jugadas. Y Cuba falló precisamente en esos momentos.
Las entradas que cambiaron el rumbo
Contra Panamá llegó el primer aviso. La derrota 6-2 quedó marcada por un fatídico primer inning en el que Fher Cejas no pudo sacar out: permitió tres imparables y un boleto a los cuatro bateadores enfrentados. Allí los ganadores fabricaron todas sus carreras.
Cuba reaccionó después con una sólida victoria de 3-0 sobre Colombia, respaldada por José Ignacio Bermúdez, quien trabajó 5.2 entradas, permitió dos hits y ponchó a ocho.
Entonces llegó Nicaragua. Se necesitaba ganar para discutir la final y cayó 6-5.
Nuevamente una entrada resultó decisiva: en la segunda, dos imprecisiones defensivas terminaron costándole carreras.
Primero, un toque de bola por tercera, jugada cantada, no pudo convertirse en out y terminó llenando las bases. Después, un batazo profundo al jardín central le dio en el guante a Leonel Moas. Aunque la jugada no fue anotada como error, produjo dos anotaciones que Cuba no debió permitir.
El bullpen logró contener luego a Nicaragua y la ofensiva intentó la remontada.
En el séptimo, con dos outs, Luis V. Mateo disparó su segundo jonrón del partido. Yoel Yanqui negoció boleto y Yasiel González conectó un elevado profundo al jardín izquierdo que por unos instantes puso de pie a toda Cuba.
La pelota, sin embargo, terminó en el guante de Omar Mendoza.
Con ella se fue la posibilidad de disputar el oro y terminó una racha de 16 victorias consecutivas sobre Nicaragua en estos Juegos. La primera había ocurrido el 24 de marzo de 1935, en San Salvador, con marcador de 13-7.
En Santo Domingo, 91 años después, Nicaragua escribió una página inédita y Cuba quedó obligada a luchar por el bronce.
Un cuarto lugar que dice mucho
Lo más preocupante no fue únicamente perder ante Nicaragua o Panamá, sino cómo se escaparon los partidos que conducían al podio.
Cuba mostró capacidad ofensiva y buenos momentos desde el montículo, pero también dejó fisuras en aspectos determinantes: el control de los innings iniciales, la defensa bajo presión y la ejecución de jugadas aparentemente rutinarias.
El partido por el bronce terminó de confirmarlo.
Puerto Rico, derrotado 4-0 en la fase clasificatoria, esta vez ganó categóricamente 9-1, con racimos de cuatro carreras en la tercera y cuarta entradas. El zurdo Luis Cruz, el mismo lanzador enfrentado en el primer choque, trabajó cinco entradas, permitió cinco imparables, una carrera limpia, concedió un boleto y ponchó a cinco.
Cuba terminó cuarta y sin medalla.
¿Un accidente o la misma película?
Aquí aparece la pregunta que el béisbol cubano no debería esquivar: ¿Santo Domingo fue simplemente un mal torneo?
Sería cómodo responder que sí.
Pero este cuarto lugar llega después de un proceso en el que Cuba ha visto disminuir progresivamente su margen de superioridad internacional. Y apenas cuatro meses después de quedar fuera de la segunda ronda del Clásico Mundial por primera vez.
Son golpes diferentes, pero con un elemento común: la dificultad para sostenerse cuando aumenta la exigencia.
Mientras Cuba miraba el podio, Nicaragua avanzaba a su tercera final histórica y Panamá conquistaba el primer título en estos Juegos al vencer 1-0 a los pinoleros en extrainning.
El oro que durante décadas parecía tener una dirección casi predeterminada encontró otro dueño.
Ya no basta con ser Cuba
Santo Domingo también demostró que Cuba sigue teniendo talento. El equipo bateó, lanzó bien por momentos y dominó la fase clasificatoria.
El problema es otro. Ya no basta con ser Cuba. El apellido, la tradición, las 15 medallas de oro y las décadas de dominio no dan títulos.
Los partidos se ganan cortando el inning que amenaza con escaparse, convirtiendo en out el batazo que ofrece una oportunidad. Eso fue precisamente lo que faltó en los momentos determinantes de Santo Domingo-2026.
Y algo similar ocurrió con República Dominicana, quinta ante su público, en un torneo donde su delegación alcanzó una histórica cosecha de medallas en otras disciplinas. La eliminación del país anfitrión, también dejó una señal para que revisen preparación, planificación y maneras de seleccionar a sus jugadores.
Un análisis parecido deberá hacer México, campeón en el 2023, y ahora relegado al octavo y último peldaño, por detrás de Colombia y Curazao.
Para Cuba, sin embargo, la mirada tiene otra dimensión.
Germán Mesa llegó a Santo Domingo después del revés histórico del Clásico Mundial. Ahora vivió otro.
La selección no fue resultó inferior durante todo el torneo. Ganó cuatro partidos y estuvo a un batazo de regresar ante Nicaragua.
Pero terminó cuarta. Y cuando se trata de Cuba, eso dice mucho. Regresar al medallero en los juegos del 2030 no dependerá de la historia. Dependerá de cuánto se esté dispuesto a aprender de estos siete partidos y también de los recurrentes tropezones que ya casi son habituales en los tiempos más recientes.
