Del sacrificio, al oro: Cheila Darias, una perla del hockey cubano

El hockey sobre césped cubano tiene en Cheila Darias a una de sus figuras con…

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El hockey sobre césped cubano tiene en Cheila Darias a una de sus figuras con mayor proyección. A los 23 años, cumplidos el 9 de agosto, la espirituana ha transitado del debut internacional en San Salvador-2023, a la madurez competitiva que le permitió ser campeona en Santo Domingo-2026, donde Cuba recuperó el título centroamericano y aseguró la clasificación para los Panamericanos de Lima-2027.

La medalla de oro conquistada en los juegos del Centenario constituye el momento cumbre de su trayectoria hasta el momento. También representa la recompensa a una preparación marcada por las carencias, el cansancio, la incertidumbre y una enfermedad que llegó a poner en duda su participación en la competencia fundamental del año.

Cheila padeció hepatitis antes de la cita centrocaribeña, en la que terminó como la segunda máxima goleadora del torneo, con siete tantos, todos en acciones de juego. Además, aportó cinco asistencias.

“Estuve muy enferma antes de iniciar los Juegos Centroamericanos. Estuve contagiada con hepatitis y estuve un poco grave, pero gracias a la ayuda de mi familia me recuperé bastante rápido. Logré obtener, no la forma plena, pero sí una capacidad de trabajo para poder competir. Tácticamente estaba muy bien, y, como se dice, siempre sale el trabajo extra que uno hace”, explicó.

La enfermedad no fue el único obstáculo. El hockey femenino cubano llegó a Santo Domingo sin haber efectuado los campeonatos nacionales de 2025 y 2026, mientras que la preparación estuvo condicionada por dificultades con el terreno sintético, la falta de agua para su mantenimiento, los problemas energéticos y la carencia de calzado especializado.

“Fue complicado, fue muy duro porque tuvimos carencias de tantas cosas y dificultades que algunas se han divulgado en las redes y demás, pero vivirlas es algo muy complicado. No es algo para lo que esté preparado ningún deportista. Después de tantos problemas y situaciones tuve la enfermedad, que también me afectó. Estuve cerca de dos meses fuera del entrenamiento por el reposo que tenía que hacer. Lloré mucho tiempo porque pensé que no iba a poder recuperarme para estar en la selección. Pero se dio, participé y dejamos atrás los problemas, porque ya estábamos ahí. No podíamos echar para atrás. Teníamos que demostrarles a los demás equipos y al país que sí podíamos y que nos habíamos preparado para ese momento, a pesar de todas las situaciones”.

Santo Domingo, el desquite y la confirmación del talento

Cuba llegó a la final de Santo Domingo con cuatro victorias consecutivas, 23 goles a favor y apenas uno en contra. El conjunto derrotó a Jamaica (7-0), Barbados (7-1), Bermudas (9-0) y a Venezuela por 6-0 en la semifinal. Cheila marcó seis goles antes del partido decisivo, entre ellos el más rápido del torneo, conseguido a los 19 segundos frente a Barbados.

La espirituana no estaba pendiente de sus estadísticas individuales. Su atención se concentraba en el funcionamiento colectivo y en la posibilidad de superar el rendimiento de la selección en San Salvador 2023, cuando se alcanzó el subtítulo y ella, con apenas 19 años, resultó la líder goleadora.

“Siempre la idea es mejorar. Uno siempre compite con eso de que tiene que superarse. Pero también teníamos presente el trabajo en equipo, que es fundamental para poder obtener una victoria. Sobre el gol de los 19 segundos, nunca supe que había sido en ese tiempo. Yo solamente entré a hacer lo mío, se me dio la oportunidad y tiré”.

La final contra México tenía un componente adicional. Era la tercera ocasión en que ambos conjuntos se enfrentaban por el título centroamericano, después de la victoria cubana en Barranquilla-2018 y el triunfo mexicano en San Salvador-2023, decidido en los penales.

La derrota anterior había dejado una huella profunda y se convirtió en motivación para el grupo.

“Fue algo duro porque la hegemonía que tenía el equipo cubano, de haber sido campeona centroamericana durante tantos años, y haber perdido en ese entonces fue algo que nos marcó a todas. Nos marcó más a las que continuamos y volvimos a integrar el equipo. Fue algo que dolió, se sufrió, se lloró, se llevó en el alma hasta estos últimos días. Fuimos a recuperar lo perdido y a hacer sentir, como decimos en cubano, el trabajo. Y las situaciones que se pasan aquí, todo el esfuerzo que a veces no se ve a simple vista, queríamos demostrarlo en la cancha”.

El partido por la medalla de oro terminó sin goles durante el tiempo reglamentario. La tensión se mantuvo hasta la tanda de penales, precisamente el escenario en el que Cuba había perdido tres años antes. Aunque el equipo había trabajado para evitar llegar a esa instancia, las jugadoras debieron afrontar nuevamente el desafío.

“Los penales fueron tensos hasta para nuestros entrenadores, porque se había trabajado con la idea de no llegar ahí. Se hizo mucho énfasis en esa parte, pero se dio. Yo estaba abrazada de mi entrenadora. Ella lloraba y yo le decía que no llorara, que íbamos a sacar el partido. Detrás de Sunayli Nikle, que fue la que aseguró la victoria, me tocaba tirar a mí. Al final nunca tiré, ganamos y todo fue una emoción enorme. Todas nos arrodillamos en el piso, corrimos hacia la portera y hacia la entrenadora. Me puse a llorar por la emoción de haber conseguido el oro por el que tanto nos habíamos preparado y que habíamos perdido”.

Aquellas lágrimas estaban relacionadas con el dolor de San Salvador, pero también con el significado de recuperar una corona que Cuba había conquistado durante años.

“Fue como una vergüenza deportiva por haber perdido el oro en 2023. Cuba nunca había perdido, y cuando tú llegas al equipo nacional piensas que somos las campeonas. En una competencia se nota que Cuba es el centro del hockey. Haber perdido fue algo difícil, una carga muy grande. Pero la alegría de haber ganado no se iguala con nada”.

Una victoria construida en familia

El oro de Santo Domingo no fue solamente el resultado del rendimiento de las jugadoras dentro de la cancha. Cheila lo define como una conquista nacida del sacrificio de un grupo de mujeres que tuvo que sobreponerse a diferentes dificultades durante la preparación.

En ese proceso, la entrenadora Milesis Argentel desempeñó un papel decisivo. La técnica se trasladó durante un período a la Escuela Nacional de Hockey para convivir con las atletas y compartir sus condiciones de entrenamiento y vida cotidiana.

“Nuestra entrenadora es un pilar. Ella es la cúspide de la torre que ha creado. Creo que hablo por todas mis compañeras cuando digo que somos una familia y que sin ella como que no somos nada. Ella sacrificó a su niña y a su matrimonio para convivir con nosotras, para vivir las vicisitudes que tuvimos. Pasamos demasiadas cosas y ella siempre estuvo presente, dándonos ánimo y diciéndonos que podíamos”.

“Nosotras por un momento nos preguntábamos: Por qué ella va a pasar trabajo. Es nuestra entrenadora, pero no está obligada a convivir y pasar el mismo trabajo. Y ella simplemente nos dijo: Yo soy parte de ustedes, ustedes son mi equipo y yo soy su familia. Aquí estamos todas juntas y por donde pasa una, pasamos todas. Creo que por eso tenemos una confianza tan grande con ella. Por donde ella va, vamos todas. Sin ella, esto no hubiese sido realidad”.

En ese ambiente, Cuba afrontó el torneo con la convicción de que el oro era posible, pese a las limitaciones que habían acompañado el proceso.

“Este fue un oro con mucho sacrificio. Creo que eso fue lo más impactante y lo más difícil: un oro de trabajo, de mujeres sacrificadas, y sobreponiéndonos a todo tipo de cosas. Eso fue lo más bonito y lo más que me cautivó del grupo”.

Siete goles y una compañera de referencia

La actuación de Cheila en Santo Domingo confirmó su potencial ofensivo. Sus siete goles la ubicaron como la segunda máxima anotadora del torneo, por detrás de Yuraima Vera (8). La particularidad de la espirituana fue que todos sus tantos llegaron mediante acciones de juego.

“Lo más bonito de todo es que fueron goles de equipo. Aunque fueron de jugada y algunos resultaron complicados, ya habíamos trabajado mucho para eso, y yo en especial también había trabajado bastante. Fueron goles construidos en el trabajo táctico”.

La relación con Yuraima Vera ha sido fundamental en ese desarrollo. Ambas son las únicas jugadoras de Sancti Spíritus que permanecen en la selección nacional, una circunstancia que las ha unido dentro y fuera de la cancha.

“Siempre nos hemos llevado bien y sabemos que somos las últimas que quedan de nuestra provincia representándola. Tenemos ese sentimiento de familia, somos de la misma tierra y estamos bastante unidas. Nos hemos entendido muy bien. Ella me ha enseñado mucho porque es una jugadora experimentada y de renombre. He aprendido muchísimo de ella y la verdad ha sido un placer compartir y poder seguir compartiendo con Yuraima”.

La mirada puesta en Lima-2027

“Somos una familia porque nos unen los sacrificios que hemos hecho…» Selección Nacional cubana de Hockey. JJ.CC. Santo Domingo 2026.

El título de Santo Domingo y la clasificación para los Juegos Panamericanos de Lima-2027 abren una nueva etapa para Cheila Darias y la selección cubana. La próxima competencia tendrá un nivel superior al de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, pero la espirituana confía en la unidad construida a partir de las experiencias compartidas.

“Somos una familia porque nos unen los sacrificios que hemos hecho. Todas vamos hacia un mismo destino y tenemos un mismo propósito. Nos han unido mucho la convivencia y todas las situaciones que hemos atravesado. Ahora enfrentamos una competencia muy superior en la mayoría de los aspectos, por no decir en todos, y será complicada por la preparación y por las situaciones que puedan presentarse. Pero como familia vamos a enfrentar lo que sea y estaremos juntas, que es lo importante, porque se trata de un deporte colectivo y la unidad es fundamental. No será lo mismo, pero siempre unidas, porque juntas todo se puede”.

En el plano individual, su objetivo es superar la actuación de los anteriores Juegos Panamericanos y demostrar la experiencia adquirida desde su debut internacional en San Salvador.

“Quiero demostrar un poco de la experiencia y la madurez deportiva que he alcanzado hasta hoy. Uno de los proyectos personales que siempre he tenido es ser una gran jugadora y superarme y que eso me lleve a jugar profesionalmente”.

Santo Domingo 2026 confirmó el talento que Cheila había comenzado a mostrar tres años antes. Pero su historia no se resume en los siete goles, las cinco asistencias o la medalla de oro. Está también en las lágrimas provocadas por la enfermedad, en el esfuerzo para regresar a tiempo, en las dificultades compartidas con sus compañeras y en la confianza depositada en una entrenadora que decidió vivir junto al equipo cada momento de la preparación.

Todo ello explica el significado de una conquista que fue mucho más que un resultado deportivo.

“Para mí, el hockey es todo. Es familia, amor, paz, tranquilidad y mi desahogo en los momentos difíciles. Es algo muy importante en mi vida. No sé vivir sin el hockey”.


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