Eglis de la Cruz: la Reina del tiro centroamericano 

La lluvia golpeaba el techo el Club de Caza y Tiro de Puerto Colombia, en las afueras de…

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La lluvia golpeaba el techo el Club de Caza y Tiro de Puerto Colombia, en las afueras de Barranquilla, en la mañana de aquel 31 de julio de 2018. Dentro de la instalación reinaba otro sonido: el silencio. Ese que antecede a cada disparo y que Eglis de la Cruz Farfán convirtió en su mejor aliado durante más de dos décadas. 

Al mediodía, el sol ya había sustituido al amanecer lluvioso en la capital del departamento Atlántico. También la historia había cambiado. La tiradora espirituana conquistó las medallas de oro en el Rifle a 50 metros, tres posiciones, tanto en la competencia individual como por equipos. Antes ya se había coronado en el Rifle de aire a 10 metros por equipos y había sumado la plata en la prueba mixta de esa especialidad. 

Aquellos cuatro metales no fueron una cosecha más. Representaron el punto culminante de una carrera excepcional. Con ellos elevó su colección a 17 preseas —10 de oro, cinco de plata y dos de bronce— para convertirse en la máxima medallista del tiro deportivo en la historia de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, la cita multideportiva regional más antigua del mundo. 

La hazaña tuvo todavía mayor dimensión porque desplazó del primer lugar del medallero histórico a la colombiana Amanda Haydee Mondol, quien con la Pistola había cerrado su trayectoria con 16 medallas (4-7-5). 

Desde aquel día en Barranquilla, el primer nombre del tiro centroamericano pasó a ser el de una mujer nacida en Sancti Spíritus. 

Un récord construido en silencio 

Lo más llamativo fue que la propia protagonista parecía concederle más importancia al siguiente disparo que al récord recién conquistado. 

Así fue siempre. Eglis nunca perteneció al grupo de atletas que exteriorizan las emociones. Fue una mujer de pocas palabras, reservada, casi imperturbable. Ni las victorias más importantes alteraban demasiado sus gestos. Daba la impresión de que la alegría la llevaba por dentro. 

Cuando alguien le comentó que acababa de convertirse en la reina del medallero del tiro, respondió con la misma serenidad con la que enfrentaba cada competencia. 

“Yo no tenía nada de eso en la cabeza, Randy Vasconcelos, el periodista de la televisión, me lo dijo en una entrevista en la Villa días antes de comenzar los Juegos, pero yo borré eso. Luego lo supe cuando varias personas lo vieron en las redes sociales y me dijeron: ‘Mira, eres la reina del tiro’. Ahí entonces dije: ¡qué bien!, al menos cuando me retire me llevaré algo bueno”. 

El periodista Randy Vasconcelos conversa con Eglys Yaima de la Cruz. Villa Deportiva, JJ.CC Barranquilla 2018.
Veinte años apuntando a la historia 

Pero aquel reinado no comenzó en los XXIII Juegos. Su historia empezó veinte años antes, en Maracaibo-98. Allí irrumpió con una actuación memorable: cinco medallas, tres de ellas de oro, además de una plata y un bronce. Fue la carta de presentación de una tiradora destinada a marcar una época. 

Ocho años después, en Cartagena de Indias 2006, volvió a figurar entre las mejores con dos títulos y dos preseas de plata. Veracruz 2014 confirmó que seguía siendo un referente al sumar otras cuatro medallas: dos de oro, una de plata y una de bronce. 

Barranquilla cerró el círculo. Tres coronas y una plata completaron una colección reservada para las leyendas. 

Las cifras hablan por sí solas. En las cuatro ediciones de los Juegos en las que participó siempre el botín conquistado resultó abundante. Debutó con cinco y después enlazó tres actuaciones consecutivas de cuatro preseas cada una. 

El mérito resulta todavía mayor si se tiene en cuenta que no asistió a San Salvador-2002 ni a Mayagüez-2010, debido a la ausencia de Cuba en esas citas. Es decir, construyó el mayor medallero del tiro centroamericano en cuatro participaciones. 

A ello se sumaron años de preparación marcados por la escasez de municiones, una dificultad permanente para el tiro deportivo cubano, que también es víctima del bloqueo del gobierno de Estados Unidos. En una disciplina donde la repetición del disparo resulta imprescindible para alcanzar la perfección técnica, cada entrenamiento exigía multiplicar la concentración y aprovechar al máximo los pocos recursos disponibles. 

El blanco donde escribió su leyenda 

Entre todas las modalidades hubo una que terminó llevando su sello. En el Rifle a 50 metros, tres posiciones, conquistó siete medallas: seis de oro y una de plata. Ninguna otra prueba explica mejor la precisión, la estabilidad y la fortaleza mental que distinguieron su carrera. 

Aunque el récord lleva un solo nombre, también fue esculpido junto a varias generaciones de tiradoras cubanas en las competencias por equipos. Mirelsis Rojas e Idilvis Sánchez la acompañaron en los primeros títulos conquistados en Maracaibo. Más tarde compartió podios con Kenia García, Delvis Hernández, Linet Aguiar, Dianelys Pérez y Lisbet Hernández. 

Cambiaron las compañeras y se sucedieron los ciclos olímpicos, pero hubo una constante: Eglis seguía respondiendo cuando Cuba necesitaba un disparo certero. 

Cuando la leyenda guarda silencio 

San Salvador-2023 y Santo Domingo-2026 no la inscribieron en la línea de fuego. El retiro dejó guardado el fusil después de una carrera extraordinaria. 

Sin embargo, quienes siguen el tiro deportivo todavía extrañan aquella figura serena, de pocas palabras, reservada y por momentos tímida, que parecía inmune a la presión. Eglis de la Cruz permanecía concentrada únicamente en el blanco, mientras a su alrededor solo convivían el silencio previo al disparo y el estruendo seco del impacto. 

Las leyendas no necesitan competir para seguir presentes. 

Cada vez que se consulta el medallero del tiro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, el primer nombre continúa siendo el suyo. Allí permanecen intactas las 17 medallas que construyeron un reinado sin estridencias, con la discreción que siempre la distinguió. 

Porque Eglis de la Cruz nunca necesitó levantar los brazos para demostrar la magnitud de sus victorias. Le bastó hacer lo que mejor sabía: respirar, apuntar… y acertar. 

Así, disparo tras disparo, escribió una de las páginas más brillantes del deporte cubano y se convirtió en la Reina del tiro centroamericano. 


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