El 69 que persigue a los Leñadores

Hay números que pasan inadvertidos sobre un uniforme. Otros terminan convirtiéndose en una advertencia para…

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Hay números que pasan inadvertidos sobre un uniforme. Otros terminan convirtiéndose en una advertencia para el rival.

El 69 que lleva en la espalda Yunier Batista pertenece al segundo grupo. Lo ha vestido defendiendo a Ciego de Ávila y también como refuerzo de Industriales, pero hay algo que nunca ha cambiado: cada vez que ese número aparece frente a Las Tunas en un play-off, los Leñadores saben que les espera un rival de altos quilates.

La primera cicatriz

La historia comenzó en los cuartos de final de la Serie Nacional 62. Ciego de Ávila terminó cediendo en la eliminatoria, pero Batista dejó sembrada la primera señal de una rivalidad muy particular. En tres relevos lanzó 6.2 entradas inmaculadas, sin permitir carreras. Apenas tres de los 22 bateadores tuneros que enfrentó consiguieron conectarle de hit para un anémico promedio de .136, mientras diez emprendieron el regreso al banco por la vía del ponche y solo dos encontraron refugio en una base por bolas.

Aunque la serie terminó del lado de los Leñadores, aquel fue el primer aviso de que el joven derecho tenía la receta para contener una de las ofensivas más temidas del país.

Un año después, el calendario volvió a reunir a Tigres y Leñadores en los cuartos de final de la Serie Nacional.

El desenlace colectivo fue el mismo, pero Batista volvió a imponerse en el duelo individual. Durante seis entradas mantuvo cerradas las puertas del home, limitó otra vez a la artillería tunera a solo tres imparables, les permitió batear apenas para .143 y ni siquiera concedió boletos.

Las hachas siguieron golpeando la madera y Ciego volvió a caer, pero el muro levantado por el relevista avileño permaneció intacto.

Cuando las hachas perdieron el filo

La revancha llegó en la III Liga Élite del Béisbol Cubano. Aquella final representó la redención de Ciego de Ávila frente al rival que tanto daño le había provocado en temporadas anteriores. Y Batista volvió a ocupar un lugar protagónico.

Participó en dos de las cuatro victorias que condujeron a los Tigres hasta el título, se apuntó un triunfo, preservó otro con juego salvado y, durante 6.1 episodios, apenas aceptó una carrera limpia.

Los Leñadores siguieron empuñando sus hachas, pero el filo ya no era el mismo. Cada intento de fabricar carreras terminaba chocando contra un relevista que parecía conocer de memoria la forma de apagar su ofensiva.

El 69 cambió de uniforme

El destino, caprichoso como suele ser el béisbol, volvió a cruzar sus caminos en la final de la IV Liga Élite.

Esta vez Batista llegó vestido de azul, con el mismo 69 en la espalda, convertido en uno de los principales refuerzos de Industriales.Cambió el uniforme. Cambió el dogout. Cambió el escudo sobre el pecho. Lo único que permaneció inalterable fue su dominio sobre los Leñadores y el numero en su vestimenta.

En los dos desafíos en que ha subido a la lomita durante la actual discusión del título volvió a convertirse en el cerrojo de los Azules.

Cinco entradas sin permitir carreras, dos juegos salvados y apenas tres imparables tolerados, para un promedio ofensivo rival de .188, ratifican que cuando Batista recibe la pelota en los innings decisivos, Las Tunas vuelve a quedarse sin respuestas.

Una rivalidad escrita desde el bullpen

Cuatro postemporadas consecutivas han terminado por convertir esa tendencia en una realidad difícil de discutir.Frente a los Leñadores, Yunier Batista acumula diez relevos, balance de dos victorias y una derrota, además de tres juegos salvados.

En 24 entradas de actuación apenas ha permitido una carrera limpia, suficiente para exhibir una extraordinaria efectividad de 0.37. Los bateadores tuneros apenas le conectan para .167, luego de conseguir solo 14 imparables en 84 turnos oficiales.

Las estadísticas impresionan, pero cuentan apenas una parte de la historia. La otra está en la confianza con la que asume cada salida, en la serenidad con que administra los momentos de mayor tensión y en la sensación de seguridad que transmite a sus compañeros cuando recibe la pelota.

Hay relevistas que esperan el cierre de los juegos. Yunier Batista parece esperar a Las Tunas.

Quizás por eso el 69 ya dejó de ser únicamente el número estampado en su espalda.

Para los Leñadores se ha convertido, con el paso de las postemporadas, en una señal de alerta. Porque detrás de esos dos dígitos aparece un lanzador que ha hecho de los finales de juego su territorio y que, una y otra vez, ha encontrado la manera de desafilar las hachas cuando más fuerte amenazan con golpear.


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